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Es de manana y se escucha en el santuario la musica de banda. La polvora decembrina estalla en ese cielo que, de oscuro, se vuelve luminoso. A esta hora regreso de mi recorrido, a trote, por Margarita y los Adobes. Me encuentro a don Antonio Cruz por la calle que llamabamos de don Nibardo. Lleva un gallo bajo el brazo. Es el mismo hombre que se jutaba con don Jose Moreno y con don Delfino Escalante. Aunque ve muy bien, dice que no me reconoce. Uno de los presentes le dice que soy el hijo mayor de don Pedro Murillo. Entonces don Antonio me abraza. Le recuerdo que varias veces me reviso mi mano quebrada para asegurarnos de que me “soldaba” despues de que me tubo un burro, y si soldo. Don Antonio es uno de los hombres serviciales del pueblo. La gente que sufre lesions o torceduras, lo consulta. Asi mismo, es conocedor de las enfermedades de los animales. El corral donde ahora nos encontramos tiene gallinas y caballos. Mientras le tomo una fotografia, con su gallo bajo el brazo y el caballo mas bonito en el fondo, me dice que ya esta viejo. Yo le dijo que aun se ve fuerte. Le da risa. Le tomo otra fotografia. Intercambiamos impresiones de la fiesta, le pregunto por sus hijos. Me dice que estan bien, en el norte. Le pido que me los salude. Dice que les dara mis recuerdos. Luego nos despedimos y me agradece el saludo. El agradecido soy yo por ese legado que su nombre representa. Revisando las fotografias, noto que don Antonio parece todo un gallero, pero el es mucho mas que eso. Saludos, felicdades, hasta pronto: Ricardo Enrique Murillo, huejumexico@yahoo.com.mx
Host: 24.12.208.131
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